La artista enterró una parte de ella que ya nunca querría volver a ver. Esa parte se llevaba el recuerdo de ese cuadro que ella pintaba, usando su cuerpo de lienzo y las cuchillas como pincel. Por una vez dejó de escuchar las burlas del espejo, sus oídos se cerraron a las críticas negativas.
Por una vez vio lo que la gente que la quería veía, y se enamoró de su propia sonrisa.
Por una vez respiro hondo y oyó los pajaros cantar sin ser silenciados por las voces de su cabeza. Por una vez sintió estar fuera de su propia cárcel, por una vez se sintió libre.
domingo, 9 de agosto de 2015
Liberación
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