Volé a tu lado hasta que los pajaros rompieron a picotazos mis alas.
Entonces caí.
Encontré un vacío en mi alma.
Vi como tú seguias ascendiendo por encima del mar mientras yo me hundia.
Me di cuenta que nunca más volverías a volar conmigo.
Y fue entonces cuando la locura me consumió y te busqué donde no pude encontrarte.
Escribí con la tinta invisible de mi corazón que brotaba de mis ojos tu nombre sobre mi almohada.
Busque tu calor en caras desconocidas, tu dulzor en labios ajenos y tu tacto en la piel de otros.
Vi la realidad desde lo más hondo. Vi las sombras rodearme, vi demonios bailar un vals arritmico para apagar las luces más brillantes dentro de mi.
Vi en el espejo un recuerdo de lo que fui.
Pero nadie me oyó gritar en silencio.
Nadie me vio manchar mis alas con la realidad.
Las alas que ambos dibujamos y ambos usabamos.
Las alas que ninguno recuerda donde dejó.
Seguro que las mias las tiré tras fallidos intentos de reconstruirlas, y tú las usaste como bocetos para volar junto a tu siguiente compañera.
Pero aun queda una pluma recordandome lo que fuimos, junto a un boceto de lo que pudimos llegar a ser.
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