Dentro de mi cabeza todos mis recuerdos se establecen organizados en un cómodo jardín.
Tengo lirios blancos, inofensivos que llenan toda una zona de luz, iluminando en ocasiones zonas que anteriormente se hayaban en penumbras. Por lo general estas flores fueron regalos de gente que hoy en día sigue plantando en aquella zona , intentando sustituir los hierbajos que dejaron las personas que marcharon cuando más luz necesitaba.
Tengo plantas carnivoras que exterminan todo aquello que intenta herirlas, esas plantas que me ayudan a poder librarme de los bichos que intentan entrar en mi jardín para solo causar dañospor su propio interés.
Y luego, al inicio estás tú. Las más rara de mis flores, esa preciosa rosa que en su dia florecio, que dejaba todo lleno de luz eclipsando la belleza del resto de mis flores, pero cuanto más cerca de tu perfección estaba, más hondo se clavaban tus espinas, más daño me hacías. Las plantas carnivoras intentaron avisarme, de que eras el peor de los insectos, y los lirios de que eras la luz más cegadora, impidiendo ver el resto del jardín. Pero tuve que ser yo misma la que se dio cuenta de la verdad. De que tú me lo avisaste, de que al principio no eras más que lo que al final volviste a ser, un capullo.
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