Tu olor hacía que me acercara a ti, la manera en la que tus labios se fundian con los mios en el más suave de los besos hacia que mis ojos se encerraran en la oscuridad de sus parpados para bailar la melodia de las sensaciones que tus labios me causaban. Notar tu aliento al final de cada beso me llevaba a una dimensión totalmente a parte de la realidad que conocía. Eras simplemente tú haciendome sentir mariposas en el estomago que me elevaban hasta las nubes con cada uno de tus "te quiero".
Había algo especial con la forma en la que me retirabas el pelo de la cara, en la manera en la que tus ojos se cerraban al sonreir, en la manera en la que tu pelo negro bailaba con el viento, con la forma en la que tus manos buscaban las mias al notarme distante de tu cuerpo.
Todos aquellos detalles que ahora no percibo en nadie más, todas esas pequeñas cosas que día a día me entregabas, como cada beso, cada abrazo o incluso cada palabra escrita sobre el blanco papel de las cartas que nos escribiamos.
Recuerdos que he querido olvidar desde el día en el que nuestros caminos decidieron separarse, pero que mi cabeza hace recordar a mi pequeño y fragil corazón todo lo que perdió, tal y como mi cabeza le advirtió, pues todo lo bueno tiene un final, y tú fuiste lo mejor que me ha pasado a mi.
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