viernes, 11 de agosto de 2017

Muerte.

Quiero que abran mi tumba. Y que vean como la maldad que habia en mi se ha convertido en petróleo. Que vean como mi sangre sigue siendo negra.
Que abran mi tumba.
Que la abran y malditos queden los primeros en hacerlo, que aunque me incineren sólo se desaten plagas a toda la gente que cree tener valor.  Que vendan mi carácter a hostias y me los llevo a la tumba conmigo.
Y no soy mala. Créeme que no, es justicia poética.
No he dejado que la depresión me hunda. No lo ha hecho los insultos de la gente, mucho menos cuatro niñatos con complejo de Dios.
A hostias se acaba la rabia, si matas al perro no sufre el daño que ha hecho. Y créeme, quiero que sufran, cada insulto, cada burla, cada falta de respeto, cada niñatada... les envolver un día mi sangre negra, porque la maldad vive en mi, y en vida lo controló. Cuando muera...oh Dios, cuando muera, me pienso llevar a los gilipollas a la tumba conmigo.

No hay comentarios:

Publicar un comentario